Noches

El silencio no existe porque en la más silenciosa de las noches escucho el susurro del viento, el sonido de un grillo, el crujido de unas hojas. Aún así, prefiero ese casi silencio al ruido constante de una ciudad estresada. Que se levanta temprano para ir a correr pero sin terminar de entender ni para qué lo hace. El culto al cuerpo debería ir acompañado con el culto a la mente.

En este silencio que me tranquiliza puedo escuchar también el ruido del agua saliendo de una ducha. El bajo sonido de una tele. En la casa de al lado, donde aún queda luz en una de sus ventanas, alguna conversación, que entre risas lejanas, forma parte del sonido de una noche.

De paisaje la luna y las montañas. En un intento de agudizar mis sentidos detecto algún sonido. Las suaves pisadas de un animal escondido entre unas matas. Y de testigo de todo, ELLA. A medio vestir, brillante a la hora de salir a escena, aunque le falte su cuarto menguante, es su gran noche, y gigante, se hace dueña de ella.

Lugar de vacaciones.

Con un poquito de vergüenza comienzo a contar esta “anécdota”.  Me encanta hablar de mi tierra, supongo que a todos nos gusta. Cuando lo hago, no siento que esté resaltado solo lo bueno. Me siento realmente afortuna de ser canaria y de vivir aquí.

En Gran Canaria tienes la posibilidad de decidir qué tipo de paisaje quieres ver. Podemos disfrutar de playas kilométricas tanto en la Capital, Las Palmas de Gran Canaria, como en el sur de la isla, donde se encuentra, entre otras, la maravillosa playa de Maspalomas, con sus increíbles dunas.

Desde La Playa de las Canteras (Gran Canaria) a veces se puede el Teide.
(Tenerife)
Dunas de Maspalomas (Sur de Gran Canaria)

Se puede disfrutar tanto del paisaje rural, como el que nos ofrece sus lugares de costa, y todo esto, acompañado de un clima envidiable durante todo el año.

Después de este preámbulo, quiero expresar mi queja. En Canarias existe cierta reticencia a la hora de reservar alojamientos tipo villas, sobretodo si estas son enormes caserones. Independientemente de si sus propietarios son de aquí, o de fuera (en su mayoría alemanes), el alquiler de estos sitios, ahora más demandados después de la pandemia, a veces resulta bastante complicado si eres canario.

Alojamiento en Gran Canaria

Hace poco vi un video en Tik Tok de un señor de nacionalidad cubana, intentando hacer un reserva para un fin de semana en un hotel de lujo en Cuba. El señor le comentaba a la persona que estaba al otro lado del teléfono que se iba a casar, y que quería regalarle a su prometida un fin de semana en ese hotel. Tras una serie de preguntas donde se cercioraron de que los dos interesados en la reserva tenían nacionalidad cubana, la chica le comenta que no puede gestiornársela. Tras la insistencia del señor en conocer el motivo de la negativa, al final de la conversación, acaba confesando que dentro de la política del hotel existe la norma de no hospedar a personas de nacionalidad cubana.

Lo que yo cuento no es lo mismo, pero me recuerda un poco a ese video. Normalmente no se atreven a ponerlo por escrito pero sí he escuchado más de una vez, y dos, y tres, que “el propietario del sitio no quiere alquilárselo a residentes canarios”. Es por esa “vez de más” que me apetece escribir acerca de esto. Porque a pesar de que pueda entender parte del mensaje, me cuesta entender que seamos así. No dejar a los nuestro disfrutar de todo lo nuesto me parece tan grave como si lo hicieramos con los que vienen de fuera… que no es el caso, y me alegro.

Siempre hemos tenido fama de hospitalarios, y lo somos, pero todas las cosas deben cuidarse. Cuando hace pocos meses no podíamos disfrutar del turismo de fuera por culpa de la pandemia se apostó por el turismo local, y allí estuvimos. Apostando de nuevo por lo nuestro… por lo de todos. Porque hay muchos que parecen que se olvidan de que el mundo es de todos. Aunque los privilegios del mundo estén para algunos solo… De todo hay, en todos sitios.

Ahora, muchas cosas buenas que surgieron de algo tan horrible como la pandemia, como la generosidad, la empatía, las ganas de volver a mirarnos, tocarnos, sentirnos… se han convertido otra vez en la calabaza del cuento.

Sentidos

Esperando a que llegue mi turno en el super, llega antes la introspección.

Una niña de apenas un año, asoma su cabecita por la bolsa de canguro que cuelga de su padre, y me sonríe. Los niños que han nacido durante la pandemia se han acostumbrado a vernos con mascarilla, y a leernos a través de los ojos, de los gestos, o incluso del sonido.

Quizás esto desarolle más alguno de esos sentidos que de pequeños tenemos muy vivos pero que con el tiempo se van deteriorando. El aire que a veces no respiramos es el que termina oxidándonos.

Al igual que la inocencia se marchita de malas intenciones, los sentidos también se mueren si no los escuchas. Si vemos solo lo que miran nuestros ojos, o escuchamos únicamente el sonido más cercano o el que más ruido hace.

Entre cuatro paredes.

Me sentía extraña en la puerta de aquel edificio al que entraba con mi propia llave. Era raro, pero los únicos ojos que me intimidaban estaban detrás de aquella puerta, y aún así, debía entrar.

No se por qué motivo, intenté no hacer ruido al meter la llave. No había nadie más en la calle, y él, seguía ahí, mirándome.

Examina con atención cada movimiento que hacía, sin disimulo. Con total descaro siguió observando como conseguía abrir la puerta con poco acierto y muchas prisas.

No era la primera vez que lo hacía. Trataba con desconfianza a los vecinos del edificio pero actuaba de forma diferente ante los desconocidos.

Supongo que era ajeno a mi circunstancia. ¿De dónde volvería a esas horas? Pensaría. ¿Por qué a veces se tiende a creer lo peor de las personas?

Mientras tanto, un corazón roto volvía a casa después de dejar su amor en un pasillo frío.

Y sin su tacto, ni su voz, volví sin alma.

El hombre del saco

Cuando era muy pequeña no existía el servicio de recogida de basura de la misma manera que se conoce hoy en día. Sí pasaba “el camión de la basura” pero en un principio, no recuerdo que existieran contenedores. Las bolsas se apilaban en el suelo de una esquina donde la gente del barrio había establecido el “punto limpio” de la zona. Y por allí, cada noche, circulaba la historia del hombre del saco entre los niños, que eran quienes se ofrecían normalmente a sacar la basura para vivir la última aventura del día entre amigos.

Creía que el ratoncito Pérez era en realidad Súper Ratón. Mi personaje de “realidad infantil” preferido. Pensaba que el paraguas podía ser un perfecto instrumento para volar. Que mi pequeña pandilla en alguna de nuestras aventuras nos encontraríamos con los Goonies. O que en una paseo por el rastro encontraríamos alguna especie parecida a los Gremlins

Algunos creían haberlo visto, otros  habían tenido pesadillas con él. Para cada uno tenía un aspecto diferente. El mío incluso había llegado a perseguirme escaleras arribas en un huida que no terminaba hasta que me despertaba sobresaltada y justo en ese momento se disipaban mis miedos.

Con el tiempo te das cuenta de que ese personaje de ficción que se inventan para instaurar el miedo sí existe en la realidad, con sus diferentes caras, diferentes métodos, distintos nombres. Pero, ¿dónde está ese pequeño ratón con capa? Los grupos de amigos cambian, y de esas pandillas solo quedan lejanos recuerdos. Las posibilidades de tener mascota en un piso de alquiler terminaron hasta con la idea de tener un perro.

Quizás somos nosotros, nuestra sociedad, la que deja que “el hombre del saco” sea el único personaje de ficción que engordó y creció con nosotros para que, hoy en día, siga acompañándonos.

Luces de ciudad

Alumbrando pasajes de mi vida. De una vida que a veces camina dormida. Monótono paseo que me lleva al trabajo, y allí, en modo avión, sigo la instrucciones necesarias para abandonar mi mente pero sin dejar mi cuerpo. Necesito mi presencia, o quizás, la necesiten más otros. Estar por estar es también a veces un estilo de vida.

A pesar de tener la mente en todo y nada a la vez, no me desligo de tu pensamiento. La prueba más evidente de que sigo aquí, tu existencia. Y pasas por mi lado devolviéndole a este día la luz que se apagó al entrar en esta habitación vacía de amor y llena de malas intenciones.

Y si solo las veo yo, me arrancaré los ojos… Y solo las escucho yo, desterraré a los fantasmas de mi mente… Pero si solo quedo yo, no te olvides de ese mundo interior… ni de su esencia.

Cuando septiembre quizo ser el mes protagonista del año. Pasaje 1.

Durante muchos años fue Octubre el mes por excelencia para mi. Solo por el hecho de que a mediados del mismo cumplía años, fue durante mi niñez, un mes ansiado. Sinónimo de celebración, regalos, tarta, familia.

Luego, en mi adolescencia, siguió siendo el favorito, pero los motivos fueron cambiando. Octubre se convirtió en sinónimo de fiesta con amigos, en el comienzo de un invierno, que casi pasaba desapercibido aquí, en mi isla. Sin apenas darme cuenta, un día también significó el gigante salto a la mayoría de edad. Y Octubre fue también desconcierto…

Tuvieron que pasar algunos años más para considerar Septiembre el mes que le arrebató a octubre tan preciado puesto en mi memoria. Con creces se ganó el primer premio al ser el elegido para sellar un acuerdo de vida.

De mi mundo interior

Caminaba deprisa y me detuve a mirarte. En mis ojos se podía ver un mundo interior revuelto. El que ya había cultivado desde hacía muchos años, pero también el que me provocaba tu presencia.

Tú, ajena al principio a todo, seguías enloquecida por el ruido. Ruido que a mi molestaba. En el canal donde nos pretendíamos comunicar siempre ensuciaba la señal. Ese sonido muchas veces hacía que no pudiera escucharte, y hoy, a veces, sigue haciendo interferencias en nuestra vida.

Amar también es obviar el ruido. Dejar que te retumbe en la mente. Permitir que llegue a perforarte un oido. Entender por qué Van gogh se cortó una oreja. Descubrir el significado real del “Mad Love”, desligado a veces de la diversión, pero no ajeno a ella. Me refiero más al recuerdo de todos tus miedos materializados en esencia… sumados a los nuevos, divididos por los viejos siendo el resultado un valor que golpea tu corazón con un fuerza directamente proporcional… al delicado peso tu cuerpo.

Ciudad dormida.

Quizás más despierta durante la pandemia, aunque muchos no lo pudieran ver . Ahora que volvemos a una normalidad anormal me doy cuenta de que ciertas libertades nos hacen caer en la falta de solidaridad, de empatía, de AMOR en mayúsculas porque amar la vida no debería empezar por uno mismo cuando hay personas que lo hacen tan por encima de todas las cosas que se olvidan de que matan el origen de lo que les hace respirar. Cada vez noto más la falta de oxígeno. El latir de la Tierra se vuelve debil porque sus venas están taponadas y rara vez se queja, pero si pones atención escuchas como se queda sin aire.

Nunca amenaza con un último suspiro. En ocasiones se cobra parte de lo que le quitamos, de lo que le seguimos robando. Con o sin conocimiento de ser culpables o cómplices, o las dos cosas a la vez, de una muerte anunciada, miramos cada día para otro lado, el que más nos conviene. Nos preocupamos de todo menos de dónde sale el aire que llena cada segundo nuestros pulmones, cada día, mes, año… nos lo ofrece gratis, en un mundo donde todo se compra y se vende.

Declaración de conciencia. Vivir el presente. Darle la mano. Echar la vista atrás para enmendar los errores. Utilizar la información que antes desconociamos, sonreirle de vez en cuando… Ofrecerle una caricia, una palabra bonita, mimar la Tierra. Hoy quiero darle las gracias por cada rayo de sol que ha calentado mi piel, por el oxígeno que nos da vida, a pesar de que seguimos maltratando la fuente, y por ese mar inmenso. y esa tierra que nos llena de energía.

Del cine de los 80 y la herencia que nos deja hoy.

Haciendo un repaso por todas esas películas que marcaron mi infancia, me doy cuenta de la gran cantidad de “visionarios” que formaron parte de lo que se podría considerar un preludio de lo que sería la IA (inteligencia articial) en nuestra actualidad. La expansión tecnologica nos obliga a cambiar el concepto que tenemos de lo que hasta hace poco llamábamos ciencia ficción y ahora, es solo ciencia.

Películas como Regreso al Futuro, Desafío Total, o Minority Report, entre otras muchas, y no nombrando las mejores por mi imprevista falta de memoria, significan que lo que ahora creemos tan novedoso otros lo pensaron antes, lo intuyeron, lo soñaron, o simplemente lo idearon, y luego, fueron víctimas de un importante robo. A veces la evolución humana puede quedar a varios pasos de la de las máquinas.